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Análisis social y político · Venezuela y el mundo

Historia e ideas Petróleo y poder

Por qué la riqueza del subsuelo no se convirtió en desarrollo

La idea del «Estado mágico» ayuda a leer un siglo de promesas y frustraciones

Por Redacción Polisferencia Publicado el 2 min de lectura

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Una gota de petróleo azul con una cerradura dorada en el centro.
Ilustración: Polisferencia

En 1936, Arturo Uslar Pietri publicó un editorial que se volvió consigna: había que «sembrar el petróleo», usar la renta para construir una economía que no dependiera de ella. Casi un siglo después, la frase se cita más como lamento que como programa. La tesis de esta pieza es que el problema nunca fue solo la mala gestión de un gobierno u otro, sino la forma en que la renta petrolera moldeó al Estado mismo.

Un Estado que parece hacer magia

El antropólogo Fernando Coronil describió a Venezuela como un «Estado mágico». Como dueño del subsuelo, el Estado recibe una riqueza que no sale del trabajo ni de los impuestos de sus ciudadanos, sino de la venta de un recurso al exterior. Desde afuera, parece que el poder produce prosperidad por arte de magia: inaugura obras, reparte subsidios y promete modernidad sin pedir casi nada a cambio.

Esa ilusión tiene consecuencias políticas. Un Estado que no depende de los impuestos tampoco depende tanto de rendir cuentas a quienes los pagarían. La relación se invierte: el ciudadano espera del Estado, en lugar de exigirle.

La paradoja de la abundancia

La politóloga Terry Lynn Karl comparó a varios países petroleros y encontró un patrón: los auges de precios no fortalecen las instituciones, las debilitan. Cuando el dinero entra a raudales, el gasto crece más rápido que la capacidad de administrarlo, y cuando los precios caen, el Estado queda con compromisos que ya no puede pagar.

Venezuela vivió ese ciclo varias veces. Cada bonanza trajo grandes planes; cada caída, ajustes que nadie había preparado. Juan Pablo Pérez Alfonzo, uno de los fundadores de la OPEP, llegó a llamar al petróleo «el excremento del diablo», una frase que resume la frustración de quien vio el ciclo desde adentro.

El mejor argumento del otro lado

Sería injusto culpar solo al recurso. Noruega tiene petróleo y es una de las democracias más sólidas del mundo. La diferencia está en las instituciones que existían antes de la bonanza y en las reglas que se fijaron para administrarla, como su fondo soberano. El petróleo no condena a nadie, pero castiga a las instituciones débiles.

Una renta que también es una cerradura

La pregunta útil no es si el petróleo es una bendición o una maldición, sino quién tiene la llave de la renta y ante quién responde. Mientras la riqueza llegue al Estado sin pasar por los ciudadanos, la promesa de sembrarla dependerá de la voluntad de quien la administra.

Referencias

  1. Coronil, F. (1997). The Magical State: Nature, Money, and Modernity in Venezuela. University of Chicago Press.
  2. Karl, T. L. (1997). The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States. University of California Press.
  3. Uslar Pietri, A. (1936). «Sembrar el petróleo». Ahora, Caracas, 14 de julio de 1936.

Sobre la autoría

Redacción Polisferencia

Las piezas sin firma son de la redacción: Polisferencia habla como medio, con fuentes verificadas y la separación entre hechos y opiniones que exige su política editorial.

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