El costo de un apagón no aparece en la factura de la luz
Lo pagan la nevera, el negocio y las horas que no vuelven
La factura eléctrica mide lo que se consume, no lo que se pierde cuando la luz se va. Ese segundo costo no lo registra ninguna estadística oficial, pero lo paga cada hogar y cada negocio que depende de un servicio inestable.
La lista es larga: la comida que se daña en la nevera, el electrodoméstico que se quema cuando vuelve la corriente, el agua que no sube a los tanques porque la bomba se detuvo, la venta que no se hizo porque el punto de venta no funcionaba. A eso se suma lo que se gasta para protegerse: plantas eléctricas, combustible, inversores y baterías.
Ese gasto preventivo divide a los afectados. Quien puede pagar una planta convierte el apagón en una molestia; quien no puede, lo vive como una pérdida. El mismo corte de luz produce dos experiencias distintas según el bolsillo.
Por eso, cuando se discute la tarifa eléctrica, el debate se queda corto si solo compara precios. El servicio más caro no siempre es el que tiene la tarifa más alta, sino el que obliga a pagar dos veces: una por la electricidad y otra por su ausencia.
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